¿Te vienes?

Dicen que para conseguir algo que deseas mucho mucho lo mejor es dejar de buscarlo. Yo considero esa afirmación de lo más cruel, porque el momento de dejar de buscarlo es el momento en que tiras la toalla y te abandonas al desaliento, ese momento en que te da igual si viene o no, si lo consigues o no.
Así que lo he decidido: nunca, y digo bien, NUNCA voy a dejar de perseguir mis sueños, por muy esquivos que parezcan.

Agazapada en un rincón, observaba la vida que últimamente fluía a su alrededor como si la cosa no fuera con ella. Hace cinco minutos también estaba ahí, ora quejándose ora autocompadeciéndose. Y sin embargo nada se detiene en la vida… Y llega lo imprevisto… Por suerte para ella, las cosas pueden cambiar de la noche a la mañana, incluso se puede dar marcha atrás cuando el camino que elegimos no es el más conveniente para nosotros…

…no es un paso atrás, es un paso más…

Cambios

Mi mejor amigo, mi confidente, mi cómplice, telepatía pura.

Y ahora las pocas palabras que cruzamos se me clavan en el estómago como ganchos de carnicero.

Y le tengo tanto aprecio a mi aparato digestivo que intento esquivarte  en cuanto puedo.

Por fortuna, nuestra telepatía sigue funcionando, y ya apenas hablamos…

 

Fotografía

Nunca salgo tan guapa en una foto como cuando me la haces tú

Nunca me gusta tanto mi sonrisa como cuando tú me la provocas.

Desde hace mucho, tú…

Y me encantas

Me miras desde lejos y sé que con solo posar tus ojos en mí eres capaz de desnudarme. Tampoco me importa demasiado, no te creas que voy a poner muchos impedimentos. Mis ojos, por su parte, se están concentrando en hipnotizar a los tuyos, en tirar de tu alma para acercarla a la mía.

Está bien eso de que me observes desde lejos, pero mucho mejor es atrapar a tu mirada con mi piel, como ya he hecho muchas otras veces.

Y me encanta.

Y me encantas.

“Sólo sé…

… que no sé nada”, dijo aquél. Yo tengo suerte. Sé lo que quiero. Y encima me hace sentir feliz. Poco más puedo pedir.

Recuerdos

Ha pasado el tiempo, pero muchas veces aún recuerdo cuando me cogía de la mano y me hacía sentir especial.

O cuando me abrazaba y pensaba que nada podía pasarme.

O cuando al salir de la bañera me envolvía con una toalla y me besaba.

Gracias, mami.

Fui una niña muy feliz.

Te detengo. Tus labios están ávidos de los míos pero te obligo a parar a centímetros de mi boca. Me divierte ver tu expresión, porque sé que lo que espera después de esa leve pausa en nuestras vidas es uno de los mejores momentos que vamos a tener juntos.

Y es que precisamente ese momento, el del primer beso, es uno de esos instantes preciosos que merece la pena ser atrapados, metidos en un cajón y guardarlos allí por siempre.

Por eso te detengo. Porque no quiero perderme ni un detalle.

Así que bésame despacio, que tengo prisa…

El sol se cuela entre las rendijas de la persiana de la habitación. Dibuja líneas de luz iluminando las motas de polvo del ambiente. Boca abajo en la cama, una mano de almohada, la otra, la palma arriba al final de mi brazo extendido.

Entonces, otra mano aparece en escena. Me acurruca, me acaricia el brazo, eriza mi piel a su paso. Unos labios se abren paso por entre mi pelo y muerden mi oreja derecha. Podría hacerme la dormida y seguir en la nube en la que me he subido. Mis manos eligen por mí. Y mi boca busca esa otra que antes la provocó.

Calor sofocante. Seis de la tarde. Domingo.

Inspiración

La inspiración es como un cartero. Va de casa en casa, deja su mensaje y se va. Ayer me vino a visitar y me encontró con un cuaderno entre las manos, bocarriba en el sofá.
“¿Qué haces ahí tirada? Sabes que tengo poco tiempo, así que ve aprovechándolo”, me dijo.
Y pensé en tí. Y en el mago de las líneas. Y en el arquitecto de la luz. Y en el rey de ojos morenos. Y en aquellos personajes misteriosos…
Y me dormí.
Cuando abrí los ojos, ella ya no estaba. Y, en mi cuarderno, estas líneas.

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